No, no fue una de las peligrosas soflamas surgidas al calor del movimiento #15M.
Ni tampoco el recital de cualquier cantautor socialdemócrata venido a menos.
Son los derechos 21, 22, 23, 25, 27, 28 y 33 recogidos en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1793, resultado de la revolución más arquetípicamente liberal que haya conocido la Historia de la Humanidad: la Revolución Francesa.
Que cada uno trace los símiles y/o identidades exactas, si procede, pertinentemente.
Por mi parte, tengo clarísimo en que consiste la garantía social liquidada por el individúo. No consiste en una sola persona física, ni siquiera en un grupo social identificable, sino que toda una constelación oligopolista conformada por mercados, consejos de administración de empresas multinacionales y agencias, es la que ha usurpado esta soberanía. También intuyo (amargamente) lo que nos pasará si como pueblo con derecho y deber a la insurrección, como mínimo no abrimos la boca en la próxima reforma express constitucional ni actuamos contra aquel gobierno, pasado, presente y futuro, que malvendiendo el Estado social y de derecho a los intereses de la élite global, ha violado nuestros derechos fundamentales.
Y como dice el punto octavo de la citada Declaración:
La necesidad de enunciar estos derechos supone, o bien la presencia, o bien el recuerdo reciente del despotismo
Es un hecho la guerra de clases; sólo que es una clase, la clase de los ricos, la que dirige el baile; y esa guerra la estamos ganando
Warren Buffet
En un mundo de las finanzas que ya no tiene la confianza como piedra angular y que ha optado por hacer caso omiso de las pautas éticas de comportamiento, la única solución es una regulación implacable.
F. Sanuy
The long run